Portada » Vídeos » ¡Qué dolor! El cubano que es capaz de arrastrar coches con la boca

Es, posiblemente, la mandíbula más fuerte del planeta.

No es la primera vez que vemos a forzudos de este tipo. Desde mover aviones hasta empujar todoterrenos usando sólo la oreja. La red ha hecho lo propio propagando por todo el mundo las hazañas de estos prodigios de la fuerza. El último llega desde el Caribe, un humilde joven cubano llamado Yasmani que arrastra coches con su boca.

El vídeo compartido por uno de los diarios de su región, el Periódico Sierra Maestra, muestra al protagonista de esta historia empujando con inusitada facilidad un almendrón, el típico coche clásico cubano que supera, fácilmente, la tonelada de peso, atando una cuerda a sus dientes y ejerciendo la fuerza con estos y sus piernas. El joven es todo un espectáculo andante y reúne a vecinos y amigos en mitad de la calle para admirar su show.

“Quiero encontrar a alguien como yo”

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Yasmani no tiene ningún secreto especial para tener esos dientes y mandíbulas tan fuertes. De hecho, tampoco es que tenga un físico especialmente musculoso. Lo suyo le viene de pequeño, cuando destrozaba biberones con sus recién estrenados dientes de leche. “No me hace falta ni entrenar. Sólo hay que comer bien, mucha verdura , cero grasas y llevar una vida tranquila”, afirmó a los medios locales.

El chico es el ídolo de su ciudad, aunque reconoce que ya no le motiva tanto mover coches y quiere encontrar a alquien con su mismo don y así poder competir. Una tarea complicada, ya que gente así se puede contar con los dedos de una mano en todo el mundo.

Próximos retos: empujar trenes o aviones

Además de buscar un rival, el joven cubano ya tiene en mente subir el nivel y atreverse a arrastrar no sólo coches, sino también vagones de tren o incluso aviones. Ya se atrevió con un autobús lleno de pasajeros, según recoge la web Aleteia, que movió con éxito ante la mirada incrédula de sus paisanos.

Yasmani asegura que no hay truco en su sorprendente habilidad y afirma que no ha explorado aún todos sus límites. Quien sabe si, después de haberse dado a conocer al mundo entero a través de los medios y las redes sociales, no aprovecha su don para ganarse la vida, en el mundo del espectáculo o simplemente como un efectivo aparcacoches.


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